La alegría como trinchera

 Ya conocen un poco a Laura. Se las he presentado. Es una piba soñadora. Vive soñando, sueña más que vive, sueña dormida y despierta.  Sueña mundos hermosos y mundos horribles. Sus sueños se escapan de su dominio y cobran entidad propia. Laura ya no posee poder sobre estos, sino que vagan por su cabeza como pájaros en el aire. 

Sin embargo, Laura no se rinde. A veces, cuando una pequeña grieta se abre entre las imágenes que pululan en su cabeza, se cuela algo de su voluntad y redirecciona sus visiones a lugares felices. 

Laura ha decidido que a pesar de habitar dos mundos espantosos (el real y el imaginario) haría de la alegría su trinchera. El mundo puede pudrirse de mierda y ella, sin ignorar y sufrir por eso, plantaría la bandera de la alegría en su terreno. Elige esa bandera colorida, la de los derechos, la del amor. Y con lágrimas en los ojos, sonríe. 

Canta, baila, grita...todo lo hace -técnicamente- mal. No sabe bailar y desafina cada nota. Pero lucha por ser feliz, lucha con la alegría. 

Laura pierde. Está acostumbrada a perder cada batalla. Pero no le importa, sigue bailando y cantando hasta que la voz se le quiebra y se le doblan las rodillas. Y aún, derrotada, susurra suavemente una canción de cuna. 

Mañana será un nuevo día para bailar.

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