Él me violó. Y yo me dejé violar. No lo perdono y no me perdono. Yo era apenas una niña, una niña de 19 años. Y me dirán los lectores que una persona de 19 años no es una niña. Pero sí, señores. Era una niña. Era virgen. No conocía del sexo más que lo que mi sexo había experimentado solo. Y tampoco sabía bien qué pasaba. Solo sabía que tenía que usar preservativo. Y él me dijo: no te voy a sacar la virginidad usando preservativo. Y yo pensé que eso era lo correcto. Pero eso fue apenas un detalle. Él me violó. Me desnudó, aunque yo no quería. Me saco los pantalones mientras yo me retorcía para que no lo hiciera. No sé si me convenció o me los arrancó. Después la bombacha. Y la vergüenza de mi cuerpo desnudo. Me pidió que lo tocara y, sin saber lo que seguía después de las caricias, y sin saber bien si quería hacerlo o no, lo toqué. Creo que se puso duro en algún momento. No lo sé. Me persiguió. Yo me arrastraba por el piso y él me perseguía. Y mi...
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