De sueños y desvelos

 Ella es Laura, se las presento. Es mi amiga hace ya varios años.

Laura esta cansada de la vida de mierda que lleva. Es chiquita, su cuerpito inspira la ternura de una niña, mientras que su rostro, el respeto de una mujer. Transita sus jóvenes treinta años con una pesadez anciana. En ella conviven la niña, la mujer y la vieja. Las tres, al mismo tiempo.  

Laura está cansada. Y sueña, como sueñan lxs niñxs. 

Cuando está despierta busca sitios imaginarios donde huir. Sueña con verdes praderas, montañas, ríos.  Sueña con un perrito que la persigue y juega con ella, sueña con arroyos de aguas cristalinas, con sus manos acariciando las rocas humedas. Y, de repente, cuando la paz se está aproximando a su alma, de pronto, el paisaje se oscurece, la luz se va, los verdes claros se vuelven oscuros, la pradera es ahora un bosque y, el cachorro que antes jugueteaba con ella, un monstruo que la tortura.

Despertaba abrumada de su ensueño, asustada por la frecuencia con que las pesadillas estorpecian su sueño y su vigilia.

Anoche fue la noche definitiva. Cerró los ojos como todas las noches, imaginandose en una pradera verde. Soñó con aquel cachorro y sus alegres ladridos, y fue feliz por un rato. En la plenitud de la dicha, se vio envuelta en una niebla que apenas le permitió adivinar el bosque que la rodeaba. El perro era ahora un monstruo y la seguía, mientras ella corría a tientas, tropezaba y volvía a correr. Una calavera le susurraba al oído: No es posible huir de tu destino. Mañana serás yo, de nuevo. Ella lloraba y corría. Llegó a un precipicio que jamás había visto. Una mano negra y deforme la agarró de sus tobillos y la hundió y, junto con ella, se llevó sus ganas de luchar. 

Abrió los ojos, enjugó sus lágrimas, y tomó la decisión. Se levantó con calma de la cama, se dirigió a la cocina, agarró el cuchillo más filoso y lo hundió en su pecho.

Mientras agonizaba me vio y supo que yo era la causa de todos sus males. Yo, su payasito de cuando era niña, que debía descansar en la repisa de su habitación, la miraba morir desde el pasillo que llevaba a la cocina. No pude evitar reír cuando la vi luchar por una bocanada de aire.

Qué se le va a hacer...así  es la vida, una ridícula comedia. 


A lo lejos, suena una canción: ¡Qué los cumplas feliz! 

Su familia, en la puerta de la habitación. Laura despierta de un horrible sueño y no entiende nada. Recuerda que ese día cumple 12 años. Su abuela, una vieja maldita que nunca la quiso, deja en la repisa de su cuarto un chistoso payasito.

La comedia vuelve a comenzar.

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