Él me violó.
Y yo me dejé violar.
No lo perdono y no me perdono.
Yo era apenas una niña, una niña de 19 años. Y me dirán los lectores que una persona de 19 años no es una niña. Pero sí, señores. Era una niña. Era virgen. No conocía del sexo más que lo que mi sexo había experimentado solo. Y tampoco sabía bien qué pasaba.
Solo sabía que tenía que usar preservativo. Y él me dijo: no te voy a sacar la virginidad usando preservativo. Y yo pensé que eso era lo correcto.
Pero eso fue apenas un detalle.
Él me violó.
Me desnudó, aunque yo no quería. Me saco los pantalones mientras yo me retorcía para que no lo hiciera. No sé si me convenció o me los arrancó.
Después la bombacha. Y la vergüenza de mi cuerpo desnudo.
Me pidió que lo tocara y, sin saber lo que seguía después de las caricias, y sin saber bien si quería hacerlo o no, lo toqué. Creo que se puso duro en algún momento. No lo sé.
Me persiguió. Yo me arrastraba por el piso y él me perseguía. Y mientras me arrastraba, desnuda, por el piso frío y el polvo raspando mis piernas, una parte de esa niña se iba rompiendo. Me rompía de a poco. Me decía: vení, no te voy a hacer nada, no pasa nada. Y apoyaba su pene en mi vagina virgen. Y de nuevo la persecución.
Yo me arrastraba, desnuda sobre el piso frío y sucio. Él me seguía con su pene cada vez más flácido. Y yo le pedía que no. No quiero. No quiero. No sé cuántas veces lo repetí. No quiero.
Y él sí quería.
La madre natura me salvó. Ella sabe que no está bien romper así a una niña.
Él me violó. Y yo me dejé violar.
Después de esa tarde, se convirtió en mi novio. Hoy no sé explicar por qué.
Y siguió. Tuvimos sexo y nunca gocé. No conocí el orgasmo. Y creía que yo estaba mal. Él me decía que yo estaba mal.
Y un día, se cansó de mi vagina. Y le gustó mi boca. Y me pidió, me rogó, me imploró y, finalmente, me obligó. Me obligó tantas veces. Me acabó en la boca. Qué puto asco.
Él me violó. Y yo me dejé violar.
Nadie me había dicho que eso se llamaba así. Si, al fin y al cabo, yo era su mujer. Suya, para usar como quisiera. Y yo tenía que estar ahí. Con la boca abierta para complacer al macho. Qué puto asco.
Él me violó. Y todos me violaron. Los que me dijeron que el placer del sexo es pecado. Los que me hicieron saber que la mujer es una máquina de reproducción. Los que me dijeron que la mujer debe complacer a su macho.
Los que no me dijeron que no tengo que hacer nada que yo no quiera. Los que no me dijeron que tenía derechos sexuales. Los que no me hablaron de violencia.
Ellos también me violaron.
Y me siento violada en cada mujer que lo vive.
Hablemos de violencia.
Comentarios
Publicar un comentario