Nudos y letras
Hola, hola, mi gente bella. Esta vuelta me atracé un día con la entrada, pero bueno...acá estoy. Generalmente, no me llevo muy bien con la constancia ni con las rutinas, por eso este blog es para mí un desafío. Tener todas las semanas algo interesante que contarles a quienes me quieran leer, sentarme y escribirlo, o bien, sacar del baúl de los recuerdos algún poemita que les pueda gustar.
Y esta semana estuve pensando mucho sobre qué les podía hablar. Y la verdad...no se me ocurrió nada.
Pero buscando cositas nuevas para hacer en macramé, se me ocurrió que quizas no hay tanta diferencia entre tejer hilos y tejer letras...al fin y al cabo, el texto proviene del tejido.
Y pensé también en las manos ancestras que descubrieron la utilidad, la belleza y la ternura que se esconde entre los hilos, las convinaciones que pueden expresar, sostener y amar. ¿Y no es acasó eso la literatura? A veces pura belleza, otras es sostén y abrazo y, otras, es necesaria. Las palabras y los hilos se nos enredan, se traban, se hacen nudos ciegos en las manos y en la garganta, se nos atraviesan, nos obligan a armar y a desarmar y se desgastan en el proceso. Sin embargo, hay algo que nos impide deternernos, rendirnos, y seguimos, quién sabe por qué, intentando... y, de pronto, vemos la magia: de repente, y sin saber cómo salió lo que queríamos. Es más, a veces no sale lo quisimos hacer desde el principio, sale otra cosa que ni siquiera habíamos imaginado, pero nos gusta, nos abraza, sentimos orgullo y queremos compartirlo, ya no es solo nuestro, es de muchos...
Y esa es mi lucha. Y entiendo un poco más cómo funciono (si se puede decir que entiendo cómo funciono). Sé que soy hilos, nudos. Sé que no parece tener forma este lío que es mi mente, y me enrollo, y me anudo, y me enredo, y no entiendo. Y de repente, por obra de no sé qué divinidad, algo se convierte y toma forma, y ese algo es bello. Y el ciclo vuelve a empezar, y es infinito.
Y es que creo que por eso somos arte.
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